Hoy
es 1 de mayo, día Día Internacional de los Trabajadores y fiesta
por antonomasia del movimiento obrero mundial.
Generalmente, es una jornada que se utiliza para realizar diferentes
reivindicaciones sociales y laborales y que en algún momento de la historia de España
ha estado prohibido. Pensando en las generaciones de trabajadores que en algún
momento lucharon por sus derechos y los de todos los trabajadores, y en los
millones de personas que en este momento sufren impotentes ante una situación
de impotencia desbordada, de caos gubernamental que los deja sin trabajo, sin
hogar y sin futuro, he sentido curiosidad por saber por qué el 1 de mayo y no
otro día. En Estados Unidos no celebran el Día Internacional de los Trabajadores,
celebran el Labor Day, el primer lunes de septiembre, en un
desfile por las calles de Nueva York organizado por la Noble Orden de los
Caballeros del Trabajo (Knights
of Labor, en inglés), y me he preguntado si habría alguna razón para tal
discrepancia. He aquí lo que he aprendido hoy.
El
1° de mayo de 1886, en los albores de la revolución
industrial en los Estados Unidos, 200.000 trabajadores iniciaron una
huelga y otros 200.000 amenazaron con el paro para reivindicar un derecho
básico que los trabajadores de hoy en día pueden disfrutar en casi todos los
países del mundo: la jornada de 8 horas.
Antes
de este hito histórico existía una ley que prohibía trabajar más de 18
horas, salvo caso de necesidad. Cualquier funcionario de una compañía de
ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas
de 18 horas diarias, en caso de no existir tal necesidad, debía pagar una
multa de 25 dólares.
La American Federation of Labor (Federación
Estadounidense del Trabajo), inicialmente había decidido que desde el 1
de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo
debería ser de ocho horas. Si no se obtenía esta reivindicación, irían a la
huelga. A pesar de que el presidente Andrew Johnson promulgó la
llamada Ley
Ingersoll el 25 de junio de 1868, estableciendo
la jornada de ocho horas, fue constante mente incumplida y los sindicatos
decidieron ir a la huelga el 1 de mayo.
En
Chicago, donde estaban establecidas las peores condiciones de trabajo, las
movilizaciones se alargaron durante el 2 y el 3 de mayo. La única fábrica que
mantuvo la producción (a base de esquiroles) fue la fábrica de maquinaria
agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían
descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia.
El 3
de mayo, mientras se celebraba una concentración en frente sus puertas, August
Spies, un anarquista activista laboral, daba un mitin desde su
tribuna cuando sonó la sirena de salida de un turno de esquiroles. Los
concentrados se lanzaron sobre ellos convirtiendo una manifestación pacífica en
una pelea campal, ante lo cual la policía, sin previo aviso alguno, comenzó a
disparar a quemarropa a los manifestantes y esquiroles provocando 6 muertos y
varias decenas de heridos.
Adolph
Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung (un periódico anarquista escrito
en alemán), redactó una proclama convocando un acto de protesta para
el día 4 a las 4 de la tarde, en Haymarket Square y distribuyó 25.000 octavillas.
El alcalde dio permiso para un acto a las 19.30 y los hechos que allí
sucedieron son conocidos como la Revuelta de Haymarket.
La
proclama decía:
“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden... ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”
El
día 4 se concentraron más de 20.000 personas en la plaza que fueron reprimidas
por unos 180 policías uniformados de forma extremadamente violenta. En
medio de la represión policial, alguien lanzó una bomba a
la policía que intentaba disolver el acto provocando el fallecimiento
de un policía y varios heridos. La policía respondió a la agresión abriendo fuego
contra la multitud y matando e hiriendo a un número desconocido de
obreros. Centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados,
acusados del asesinato del policía.
El 21
de junio de 1886, se inició una causa judicial contra 31 responsables, de
los que sólo se juzgó a 8, uno de ellos Adolph Ficher.
Años
después, este juicio fue calificado de ilegítimo y
deliberadamente malintencionado hacia los
ocho trabajadores anarquistas. 5 de ellos fueron condenados a
morir en la horca, de los cuales 1 se suicidó antes de ser
ejecutado, y 3 fueron recluidos. Se les conoce como los Mártires de
Chicago por el movimiento obrero. En el juicio contra Ficher se
utilizó la proclama como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó
a la horca. Los hechos acontecidos durante mayo de 1886 costó la
vida de centenares de trabajadores y dirigentes sindicales, miles fueron
despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados, y la mayoría
de ellos eran inmigrantes italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y
de otros países eslavos.
A
finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a
otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. Sin
embargo, el presidente Grover Cleveland, señaló el primer lunes de
septiembre como día para la celebración del día de trabajo por temor a que la
fecha de mayo reforzase el movimiento socialista existente en
los Estados Unidos desde 1882.
La
consecución de la jornada de 8 horas marcó un punto de inflexión en el movimiento
obrero mundial.
Feliz día del trabajo… a los que tengáis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario