viernes, 15 de agosto de 2014

La hormiguita.

Había una vez una hormiguita cabezota que quería cruzar un río. Día tras día caminaba por el diminuto sendero a través de la hierba hasta la orilla del diminuto río y se sentaba a observar. Sabía, porque era lista, que si intentaba cruzarlo se ahogaría. Las hormigas no saben nadar. Así que día tras día llegaba a la orilla y se sentaba a pensar. ¿Cómo puedo cruzar al otro lado sin ahogarme? Todo el mundo le decía a la hormiguita que estaba loca, que para qué quería cruzar al otro lado si el hormiguero estaba en este. Y la hormiguita siempre contestaba: “Porque es mi sueño” y se sentaba a pensar.


Un día, mientras la hormiguita paciente pensaba en como cruzar el río, una fuerte brisa se levantó de repente y arrancó una hermosa hoja verde de un árbol cercano, que calló lentamente, flotando en la brisa, hasta posarse sobre el agua del río. La hormiguita lo observó fijamente y descubrió que la hoja no se hundía, y que el agua la arrastraba lentamente hasta la otra orilla. Al pararse la hoja, la hormiguita sonrió. Ya sabía cómo cruzar el río.