martes, 3 de julio de 2012

Mezclando churras con merinas.



Es 2 de julio y en la televisión sólo existe la marea roja causada por la borrachera eufórica de la segunda victoria de la selección española en la Eurocopa. Me declaro fan de “la roja” y reconozco que me emociona haber podido ser testigo de este momento épico en la historia de fútbol español. Soy patriótica en cuestiones de deporte. Me gusta cuando gana un español. Pero después de que el instante de euforia se haya diluido, lo demás me sobra y tomo conciencia de que el mundo sigue girando a nuestro alrededor, no se ha parado para ver ganar a España.

Así pues, al despertar de ese “ensimismamiento patriótico-deportista” me he encontrado la triste realidad española que nos acompaña desde hace un tiempo. A los terribles recortes en educación y sanidad, y con la alargada sombra del rescate europeo a la banca española flotando en el ambiente, se une ahora el anuncio de la subida en el precio de la luz, el gas y el IVA, la aprobación del “medicamentazo”, el endurecimiento de la reforma laboral y la reforma del sistema de becas; entre otras cosas…

El Consejo de Ministros (a propuesta del Ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert) ha acordado hoy, 2 de julio de 2012,  la aprobación del Real Decreto por el que se establecen los umbrales de renta y patrimonio familiar y las cuantías de las becas y ayudas al estudio para el curso 2012-2013 y se modifica parcialmente el Real Decreto 1721/2007, de 21 de diciembre, por el que se establece el régimen de las becas y ayudas al estudio personalizadas. Esto supone el “incremento” de las tasas de matrícula y el endurecimiento de los requisitos académicos para obtener y mantener las becas para el próximo curso. El nuevo sistema establecido por el Ministerio permite a las comunidades autónomas fijar el precio de las asignaturas dentro de una horquilla que irá desde el 15 al 25 por ciento del coste real en la primera matrícula; del 30 al 40 por ciento por la segunda; del 65 y al 75 por ciento por la tercera, y del 90 al 100% por la cuarta. Esto supone que El 70 % de los universitarios pagarán entre el 16 y 66 % más por la matrícula. Además, a partir de ahora, renovar una beca implicará tener que superar el 65% de los créditos en los que se hayan matriculado los alumnos de Arquitectura e Ingeniería (antes era el 60%), el 90% en Artes, Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas (antes el 80%) y el 80% en Ciencias y Ciencias de la Salud ( la única que permanece igual que hasta ahora). Durante el curso 2013-2014, la renovación requerirá el aprobado del 85% de los créditos matriculados o una nota media de 6 en Arquitectura e Ingeniería y que se aprueben todos los créditos o se obtenga una nota media de 6,5 en el resto de las titulaciones. Para FP y Bachillerato se limitan a la 'beca salario', ya que para la general únicamente es necesario un aprobado. Los estudiantes de primer curso de Bachillerato deberán obtener una media de 5,5 en 4º de ESO, los estudiantes de primer curso de FP de grado superior deberán obtener una media de 5,5 en 2º de Bachillerato y los de 1º de FP de Grado Medio sólo deberán quedar matriculados de curso completo. Para mantener la 'beca salario' se requerirá que el alumno pase de curso, como máximo, con una única asignatura pendiente o haber superado como mínimo el 85% de las horas lectivas totales.

Por otro lado, ayer 1 de julio, (coincidiendo, que cosas, con el partido de la final de Eurocopa entre España e Italia) entró en vigor el nuevo sistema de participación del usuario en farmacia; lo que viene siendo el famoso “medicamentazo” también llamado copago farmacéutico. La mayor parte de los pensionistas, que hasta ahora no pagaban nada, se verán obligados a pagar un 10% de sus medicinas. El resto de pensionistas pagarán e función de su renta anual: los que posean rentas por debajo de los 18.000€ no pagarán más de 8 € al mes, los que la superen será de 18€ y para los que superen los 100.000€ anuales de renta será de 60€. Cuando paguen de más, se les devolverá trimestral o semestralmente ingresándoselo de nuevo en la misma cuenta a donde reciben la pensión. Los trabajadores en activo pagarán un porcentaje determinado en función de sus ingresos en lugar del actual 40%. Aquellos con rentas inferiores a 18.000 euros (que no tienen la obligación de tributar en el IRPF) y las familias numerosas seguirán pagando el 40%, mientras que los que superen esa renta, la aportarán el 50%. Las rentas anuales que superen los 100.000 euros pagarán un 60%.

De esta forma sólo los parados sin prestación y las personas con pensiones no contributivas o renta de reinserción se beneficiaran de no tener que pagar por sus medicamentos con receta, ya que los enfermos crónicos seguirán pagando el 10% actual y los mutualistas de MUFACE el 30%.

Debo decir que no estoy del todo en contra del copago sanitario basado en la renta anual. Como hija de militar he disfrutado de las ventajas e inconvenientes del sistema sanitario ISFAS, por el cual hay que pagar el 30% de los medicamentos recetados; y como trabajador en activo he tenido que pagar el 40%. Pero reconozco que la medida pueda ser impopular y que se vea como una amenaza a la sanidad pública. En mi modesta opinión es todo lo contrario. Bien aplicada, puede ser un desahogo para las maltrechas arcas de la Seguridad Social. Al fin y al cabo, es preferible tener una sanidad “medio pública” a no tener ninguna y no olvidemos que estamos hablando de la compra de medicamentos y no de pagar a las consultas de los médicos o las operaciones. Sin embargo, echo en falta que se tenga en cuanta también el número de medicamentos que se deben recetar habitualmente al enfermo. La creación de un sistema central informatizado que recopile todos los informes médicos, (vengan del médico, sistema sanitario u hospital que provengan) sería de gran ayuda, ya que permitiría controlar mejor el número y clase de medicamentos recetados. Con un control más exhaustivo se podría combatir esa imagen tan habitual en España del pensionista sacando medicamentos para toda la familia porque no paga nada.  El Real Decreto por el que se establecen los umbrales de renta y patrimonio familiar y las cuantías de las becas y ayudas al estudio, por otro lado, si me parece una media muy poco acertada que contribuye a empeorar, aún más si cabe, el ya perjudicado sistema educativo español.

A estas dos grandes noticias hay que añadir que estos días, durante la celebración de la Eurocopa, el gobierno ha subido la luz y el gas. A partir de este mes la tarifa eléctrica de último recurso (TUR) subirá un 3,95% de media (algo más de 16€ más al año); el gas natural un 2,26% (14,89€ más al año) y el butano un 5,92% (pasa de costar 15,53€ a 16,45€), según el BOE. Además ha anunciado una subida del IVA, cambiando en una amplia gama de productos el tipo de impuesto del reducido (8%) al normal (18%) y del superreducido (4%) al reducido (8%). Esto supone que el IVA de los productos de impuesto reducido aumentará un 125% (Explico: Tienes 4 euros y te dan 1 euro. Ese euro representa la cuarta parte del dinero que tenias antes, o lo que es lo mismo, un 25%, por lo tanto tu dinero ha aumentado un 25%. En el caso del IVA, pasar de un 8% al 18% supone un 125% de aumento). Los sectores más afectados por esta decisión serán el transporte, la hostelería, los espectáculos deportivos y algunos productos alimentarios. En el caso del IVA superrreducido, aumentará un 100%. Este tipo se aplica a productos de primera necesidad, libros, periódicos y revistas; la compra de la vivienda habitual y de aparatos como prótesis o sillas de ruedas.

El objetivo de la subida del IVA en tiempos de crisis es aumentar los ingresos del Estado, sin embargo, a corto plazo, representa la pérdida de poder adquisitivo del ciudadano y la disminución del consumo. Dado que el impuesto sobre el valor añadido se aplica a todos los productos y servicios de consumo, un incremento del IVA supone que el ciudadano pague más por un mismo producto, lo que se traduce en que “posee” menos dinero; o mejo dicho, su dinero puede comprar menos cosas. Además, el IVA es un impuesto que afecta a todos los ciudadanos y empresas que consumen bienes y servicios, lo que significa que grava más a quienes tienen un menor nivel adquisitivo (las familias de renta baja dedican un mayor porcentaje de sus ingresos al consumo que las de renta media-alta). Como consecuencia de esto, un ciudadano medio que ve recortado su capacidad adquisitiva, tiende a resolver el problema reduciendo el consumo, es decir, gastando menos. Por lo tanto, podemos afirmar que el IVA es un impuesto que penaliza el consumo.

Desgraciadamente, el descenso del consumo suele traducirse en la bajada de las inversiones, el cierre de negocios y el despido de trabajadores, lo que significa un aumento del paro. Gracias a la nueva reforma laboral aprobada por el Pleno del Congreso el pasado 28 de junio, con el apoyo de CiU, UPN y Foro Asturias, se ha generalizado la indemnización por despido improcedente en 33 días con un tope de dos anualidades y se ha facilitado que las empresas puedan despedir por causas económicas con 20 días por año trabajado. No pinta muy bien para los trabajadores cuyos jefes se vean forzados a deshacerse de trabajadores para poder compensar la reducción en el consumo causada por la subida del IVA.

La alternativa a una subida del IVA como efecto recaudador sería la subida del IRPF, ya realizada por el gobierno el pasado febrero. La subida del Impuesto sobre la Renta (las llamadas retenciones) se refleja en el consumidor con una reducción de su sueldo neto (circunstancia que será mayor cuanto mayor sea la cuantía del sueldo anual). Es decir, o ingresamos menos sueldo o pagamos las cosas más caras. La diferencia radica en que la subida del IRPF afecta más, en teoría, a quienes más cobran y la subida del IVA a los que tienen menor nivel adquisitivo.  

Con la reforma laboral ya citada se ha creado un contrato indefinido para los autónomos y las  PYMES de menos de 50 trabajadores con un año de prueba y sin indemnización  por despido, siempre que la tasa de paro no baje del 15%. Y en el caso del despido colectivo en el sector público, tendrá prioridad de permanencia en el puesto el personal laboral fijo que obtuviera su plaza a través de oposiciones. Se ha ampliado del 5 al 10% la parte de la jornada laboral que la empresa podrá distribuir a lo largo del año de forma irregular avisando al trabajador con 5 días de antelación; y la seguridad jurídica en el despido objetivo por absentismo, existiendo ahora un periodo de referencia de un año frente al texto anterior, que permitía el despido cuando las faltas de asistencia al trabajo, incluso las justificadas pero intermitentes (no se contarán las ausencias por huelga legal, representación de los trabajadores, riesgo durante el embarazo, enfermedad o accidente no laboral cuando dure más de veinte días y lo acuerden los servicios sanitarios oficiales o por tratamiento de cáncer o enfermedad grave), alcanzasen el 20% de los días hábiles en 2 meses consecutivos o el 25% en 4 discontinuos.

En el despido objetivo por absentismo se ha ampliado la seguridad jurídica, ya que habrá un periodo de referencia de un año, cuando en el anterior texto se permitía cuando las faltas de asistencia al trabajo, aún justificadas pero intermitentes, alcanzasen el 20 % de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos o el 25 % en cuatro meses discontinuos. No tendrán consideración de faltas de asistencia las ausencias por huelga legal, por representación de los trabajadores, riesgo durante el embarazo, enfermedad o accidente no laboral cuando dure más de veinte días y lo acuerden los servicios sanitarios oficiales o por tratamiento de cáncer o enfermedad grave.

Todo esto ha pasado mientras España se paralizaba frente al televisor. Una hábil jugada del gobierno que, una vez más, ha politizado el deporte utilizando un evento deportivo que atrae a masas para desviar la atención de los ciudadanos y aprobar medidas controvertidos. No es la primera vez que esto ocurre ni el único motivo por el que se ha hecho. Las victorias deportivas se utilizan frecuentemente como bandera de significaciones políticas, no por los aficionados ni por los deportistas, sino por los propios políticos. A la memoria me acuden los famosos pitidos contra el himno en el Barça-Athletic de Bilbao, o la polémica que se generó en la victoria del Mundial de la selección española de fútbol porque algunos jugadores pasearon una señera catalana durante la celebración de la victoria en el campo (cosa que nunca entendí, otros deportistas enarbolan la bandera de su comunidad, por ejemplo Fernando Alonso y la bandera asturiana, y nadie dice nada). Sin embargo, no puedo evitar quedarme con la sensación de que no es más que humo y espejos. Citando al “Sabio de Hortaleza”, D. Luis Aragonés, estamos mezclando churras con merinas; el deporte es deporte y la política es política, aunque echo de menos que la gente no sólo salga a la calle cuando se trata de lo primero.