Cómo explicar el vacío aterrador que se siente cuando pierdes a alguien a quien quieres. La tristeza, el dolor, la incertidumbre que se abre paso frente a tus ojos: ¿qué voy a hacer ahora? ¿cómo voy a seguir adelante? Yo he sentido esa sensación de que se desgarra el alma 2 veces en dos años.
El 26 de diciembre de 2019 perdí a mi padre súbitamente: Aneurisma abdominal. En apenas una hora mi vida cambió de forma brusca para siempre. O al menos eso creía yo...
Durante dos años he luchado para sobreponerse al dolor de perder a mi referente, mi mejor amigo, mi confidente... mi padre. Muchas noches llorando a solas, escondida entre las sábanas de mi cama para que mi madre no me viera llorar y llorase también. Soy la menor de 4 hermanos y he vivido con mis padres siempre. Nací cuando ya ninguno de los dos esperaba tener más hijos porque mi madre quiso tener uno más; y cuando fui lo suficiente mayor como para independizarme ya estaban mayores y mis hermanos tenían sus propias vidas. Nunca me ha molestado. Adoro a mis padres. siempre han sido mis mejores amigos y he disfrutado de una vida de casi hija única (La menor de mis tres hermanos se lleva 9 años conmigo). Me acostumbré pronto a que eran parte de mi vida para siempre, quizás demasiado. Es por ello que no sufrí el duelo por la pérdida de mi padre de una forma "normal" pese a lo muchísimo que me dolió. Me quedaba mi madre. Mi maravillosa, divertida, inteligente y cariñosa madre; enferma del corazón y diabética, a la que debía cuidar como una mamá osa. Y me volqué en ella olvidando mi propio dolor.
Pero también se me ha ido.
Ayer, 6 de agosto de 2020, perdí a mi madre tras sufrir una trombosis que le ocasionó un derrame cerebral. En cuestión de segundos me quedé huérfana. En apenas segundos que me parecieron eternos, mi madre se fue de este mundo se me partió el alma. Mi madre, la mujer de hierro, cariñosa y luchadora se fue en apenas un suspiro sin que yo pudiera hacer nada por salvarla. Un dolor que me quedara para siempre quemándome la garganta. Por segunda vez.
Juntas habíamos vivido momentos felices, momentos tristes, peleas y risas. Unos días antes habíamos estado en el cementerio con mi hermana y recordado a mi padre, el día de su cumpleaños.
Y, de repente, me quedé con el alma rota por segunda vez en dos años, para siempre.
Muchas personas, al darme el pésame en su funeral me han dicho: "Ahora esta con tu padre, como ella quería, que lo echaba mucho de menos."Pero no es cierto. Ella estaba feliz y con ganas de vivir. Echaba de menos a mi padre, el hombre con el que compartió 50 años de matrimonio, pero tenía ganas de vivir. Estaba feliz porque se había comprado unos audífonos y se había operado de cataratas. Estaba feliz porque le encantaba disfrutar de su bisnieta (y a la peque de su bisa). Estaba feliz porque su hijo venía a verla más a menudo que antes, porque su hija que vive en Galicia iba a venir a verla este verano, porque estaba orgullosa de sus nietos... y estaba feliz porque aún le quedaban muchas cosas por hacer. Teníamos muchos planes juntas que ya no se podrán hacer. Y eso es lo que más me duele. He perdido a mi madre y se ha ido antes de tiempo.
Se ha ido pronto y de forma inesperada. La muerte de mi padre también fue repentina, perro llevaba algún tiempo decaído y débil. Notamos que iba llegando el momento de la despedida. Pero mi madre estaba bien. estaba feliz. Tenía su problema cardíaco controlado y la diabetes la llevaba a la perfección. Pero se ha ido. Y ninguno de nosotros puede comprender ni asumir que lo haya hecho ya.
Mi madre se ha ido. Mi padre se ha ido. ¿Qué voy a hacer yo ahora con el alma rota?

No hay comentarios:
Publicar un comentario