martes, 1 de agosto de 2017

Tristeza.

A veces la naturaleza humana me sorprende. y no me sorprende para bien, me sorprende para mal. De repente, me descubro a mí misma ante un ser humano que tiene más de selva apocalíptica o aterradora casa embrujada que de humano; porque todo cuanto hace o cuanto dice, y lo que es peor, todo cuanto yo hago o yo digo, me resulta aterrador y peligroso. Como caminar por una campo de minas que no sabes que es un campo minado pero lo intuyes: tarde o temprano pisas una y todo a tu alrededor salta por los aires.

En ese momento me quedo tumbada en el suelo, dolorida y mutilada, pensando: ¿Qué ha pasado exactamente? ¿Cómo he acabado aquí, moribunda, traumatizada, triste...?

En situaciones como esta suelo recurrir a una frase que me encanta de la película "Fantasmas del pasado" de Rob Reiner. En un momento dado, el personaje interpretado por Whoopi Goldberg le dice al personaje de Alec Baldwin algo así como: " Cuándo odias el único que sufre eres tú. La mitad de la gente a la que odias no lo sabe y, a la otra mitad, no le importa." Creo que es una de las mejores frases que ha dado el cine. Y una de las mejores máximas que uno puede aplicar a su propia vida. Se puede cambiar la palabra "odias" por cualquier otra: cuando odias, cuando te enfadas, cuando recelas, cuando estas triste, cuando lloras...

Cuando lloras, cuando estás triste porque alguien te ha hecho sentir mal (sea o no tu culpa), la única persona que sufre eres tú. La mitad de las veces esa persona que te ha hecho daño ni siquiera sabe que ha hecho algo mal, y la otra mitad le importa un pepino que tu sufras. Es más, puede que incluso sea exactamente lo que quiere, que sufras. Porque los seres humanos tenemos la estúpida idea de que somos poseedores de la verdad absoluta e irrefutable cuando nos peleamos/ discutimos/enfadamos con alguien. Y como somos poseedores de una verdad irrefutable, no importa que 3 personas te estén dando una versión diferente (aunque coincidan las tres entre sí pero no con la tuya) de lo que sea que ha pasado. Tú sabes que tienes razón y nadie va a hacer que te apees del burro.

Es en esas veces, cuando eres uno de los que intenta hacer entrar en razón al único que ve la historia de forma diferente (y, por regla general horriblemente espantosa para él/ella) cuando más falta te hace seguir esa máxima y cuando menos puedes. Sobre todo si es alguien a quién quieres y hay alguien inocente sufriendo una guerra que no entiende y que no tiene nada que ver con él/ella. O más de una.

En esos momentos intento buscar un algo que me ayude. Quiero dejar de sentirme culpable por hechos sobre los que no tengo control y que no tienen que ver conmigo, pero no puedo. No hay solución, o al menos yo no la conozco. Y, cuando miró dentro de mí tratando de encontrar una respuesta, sólo encuentro tristeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario